martes, 10 de noviembre de 2009

Y no puedo evitar recordarte (22/09/09)

Echo de menos mirar al espejo y no ver mi reflejo.Echo de menos poder dormirme pensando en las horas. Echo de menos aquel paseo, en calle gris y edificios de ladrillos, para luego traspasar la puerta roja, y que se abriera un mundo de color. Echo de menos tumbarme sobre azul en un sitio verde. Echo de menos aquel día de humo corriendo sobre verde y arena, un beso en un puente, sacando una confesión sonriente. Un día de globos. Echo de menos las mañanas sentados al sol sobre gris al lado de nuestros reflejos. Echo de menos aquella tarde de dudas y preguntas, sonrisas y gestos vacilantes. Pinchas. Echo de menos las súplicas y la zambullida posterior en un lugar cuadrado reflejo. Echo de menos incluso aquel día de mal andar, de hielo y de pierna en alto, y esa pequeña sugerencia susurrada movida por un espacio vacío y un ruido de llaves. Echo de menos el día de nervios, de sonrisas inquietas, de que me saliera bien y salir del bar y ver un abrazo, y sin dudar, con inocente felicidad interponerme. Aún no sabía cuánto. Rizos morenos, destellos dorados. Y echo de menos una mañana en un sofá, vaguería, risas, nada que hacer. Verde, árboles, azul, tranquilidad. Echo de menos la infusión más tranquilizante aún que una tila.
Alzo la cabeza y me doy cuenta de que estoy en clase. Matemáticas. Treinta personas. Yo en la última fila, el profesor no se fijará en que hay demasiadas letras y pocos números sobre el papel. Riñe a un compañero, habla de valores absolutos. Veo mi anillo, la hoja, mi agenda y el guante negro que cubre mi mano derecha, dedos al aire. Oigo dudas: "Pero en el C, el -2..." No presto atención. Me estoy poniendo nerviosa.. El viernes.. ¡que llegue de una vez por dios! Y que se quede ahí, que el viernes sea eterno.. que nunca llegue el sábado. No lo sé, pienso, sigo oyendo hablar sobre valores absolutos. Y ya ha pasado media hora. Página 13. No quiero. Toqueteo mi colgante, mi llamador. Tan solo es una pequeña bola bañada en plata. Suena, vibrante. No, vibrante no. Mejor dicho, brillante. Ilumina. Miro por la ventana de 4ºA. ¡Un avión! Veo el alcázar, la torre, color arena, soleada. Tengo recuerdos allá arriba. Mirar abajo y tener el primer ataque de vértigo de mi vida. Me estoy agobiando. Oh, la clase ha cambiado de tema. Intervalos. La chica que tengo al lado suspira. No es para menos. Le da todo el sol en la espalda. A mí no me llegará en esta clase. Y ya he gastado una cara de una hoja, y mucha tinta azul. La clase terminará pronto. Mi pelo castaño roza el papel. Oigo la palabra logaritmo, he de decir que me impone respeto. Y también que no tengo ni idea de lo que es.
Un sirena brilla, veo campo de fondo. Mis compañeros no hacen tampoco caso a la clase. Un: ¿lo entendéis? Un sí comunitario. Tengo informática ahora, qué bien (sarcasmo). Bla, bla, bla. Las palabras del profesor son como un zumbido que me anestesia. Dios, llevo una hora escribiendo. Estoy melancólica, no debería. Quiero que vuelva a ser 12 de julio. O quizá no. No lo sé. Verde, tumbados, cartas. bares. Escaleras. Croquis, bufidos, un audible: "esto es una gilipollez".
Suena la campana.

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