Y una noche de verano, paseando por las calles, escuchando música, pensé.
Y quizá alguno os hayáis reído, os haya parecido una broma, un chiste. Pero no.
Porque hacía mucho tiempo que no pensaba, pensar de verdad. Pensar en serio. Cavilar, tomar decisiones. Ultimamente me había limitado a aceptar las decisiones de los demás, sin poder decir nada, o sin que lo que yo dijera sirviera. Y he pensado. He decidido cosas. O quizá mañana las decisiones hayan volado...
... al fin y al cabo, ahí es cuando tus ojos me desarman, me hacen blanda, me calman. Aunque no quiera, pero me calman. Y aquel día volví con mi teoría convertida en un montón de palabras sin sentido, la ironía apagada, empapada...
Pero esta vez no. Esta vez quiero respuestas. Sí, tuyas. Y sí, tuyas también, tú que ahora piensas: ¿qué coño le pasa ahora? Tú también. Y es que en el fondo... todos sabéis quienes me habéis liado la cabeza hasta el punto de llorar de frustración. Y témome que aún tengo que esperar respuestas.. pero tengo paciencia y distracciones.. Pero las respuestas llegarán, vamos que si llegarán...
Basta de rallarse para no llegar a nada, basta de llorar por frustración o por dolor.
Y esta vez es la definitiva. Y otra vez... otra vez sonaban los Red Hot.
sábado, 29 de agosto de 2009
Y sonaban los Red Hot
Aburrida en casa... cansada de las teclas del ordenador y recordando. Llamo y no contestan. Qué raro. Indecisa, dejo vagar la mirada por el salón de mi casa. Y los recuerdos me asolan. Buenos y malos, malos sobretodo, pero también los hay buenos. Hace casi un año ya. Y el verano, los veranos, pasan por mi mente, con rapidez pero dejando ver los momentos que se han quedado clavados en mi corazón. Hace un año... hace un año. Un año más madura, o quizás un año más inmadura. O menos decidida, o con más logros en mi mente. O con más errores. No, eso es seguro. Tengo más errores en mi haber. Y más experiencias. Pero todo ello me ha hecho como soy. El equivocarme, el que se equivoquen, el caerme y el levantarme me ha hecho como soy. ¿Me gusta como soy? Sí, creo que sí. Entonces... ¿por qué hay cosas en mi pasado que no me dejan vivir en paz?
Y con estos pensamientos me encamino al sofá y cojo la baraja que un rato atrás había dejado olvidada, casi tirada, con frustración. Y decido continuar. Barajo, extiendo, fuerzo, trato de hacer un abanico, controlo. Y esta vez no me frustro. No del todo. Y con curiosidad, con aquella curiosidad que mató al gato, corto y observó la carta por la cual he cortado. Un tres de picas. Sonrió levemente, pensando con descaro cuán unido parece mi destino a esa carta. Dejo el resto de la baraja y me quedo con esa carta. La observo, la acarició. Y vuelvo a sonreír, otra vez. Pero guardó la baraja y vuelvo a olvidarla sobre la mesa...
Me levanto del sofá, me ducho, me tomo mi tiempo escogiendo mi ropa, envuelta en la toalla, ignorando el charco de agua que se comienza a formar a mis pies. Y durante todo esto pienso. Mi corazón está tranquilo, palpita, a su ritmo. Tarareo una canción mientras mi mirada vuela por la habitación. Se para de improviso, bruscamente, en mi iPod. No, ahora no. Estoy tranquila, la música no me hará bien, pienso.
Y recuerdo la música que sonó aquel día. Mientras recuperaba el aliento. Mientras me tranquilizaba. Mientras mi corazón se relajaba. Mientras reía. Estaba feliz, lo recuerdo. La noche anterior había estado nerviosa, intranquila. Pero ahora estaba bien, agusto. Entre los brazos de quién entonces amaba. Y reíamos, todo se convirtió en un plural. Besos, abrazos. Risas. Y una vez tranquila, tuve un momento de duda. ¿Sí, no? ¿Me he equivocado? Y la angustia me invadió. Una mirada hacia mis ojos, preocupado. Un pequeño zarandeo amable. ¿Qué pasa? ¿Estás bien? No, nada, tranquilo. Sonreí. No me he equivocado, pensé. Y volví a tranquilizarme. Y todo fluyó. Y sonaban los Red Hot.
Y con estos pensamientos me encamino al sofá y cojo la baraja que un rato atrás había dejado olvidada, casi tirada, con frustración. Y decido continuar. Barajo, extiendo, fuerzo, trato de hacer un abanico, controlo. Y esta vez no me frustro. No del todo. Y con curiosidad, con aquella curiosidad que mató al gato, corto y observó la carta por la cual he cortado. Un tres de picas. Sonrió levemente, pensando con descaro cuán unido parece mi destino a esa carta. Dejo el resto de la baraja y me quedo con esa carta. La observo, la acarició. Y vuelvo a sonreír, otra vez. Pero guardó la baraja y vuelvo a olvidarla sobre la mesa...
Me levanto del sofá, me ducho, me tomo mi tiempo escogiendo mi ropa, envuelta en la toalla, ignorando el charco de agua que se comienza a formar a mis pies. Y durante todo esto pienso. Mi corazón está tranquilo, palpita, a su ritmo. Tarareo una canción mientras mi mirada vuela por la habitación. Se para de improviso, bruscamente, en mi iPod. No, ahora no. Estoy tranquila, la música no me hará bien, pienso.
Y recuerdo la música que sonó aquel día. Mientras recuperaba el aliento. Mientras me tranquilizaba. Mientras mi corazón se relajaba. Mientras reía. Estaba feliz, lo recuerdo. La noche anterior había estado nerviosa, intranquila. Pero ahora estaba bien, agusto. Entre los brazos de quién entonces amaba. Y reíamos, todo se convirtió en un plural. Besos, abrazos. Risas. Y una vez tranquila, tuve un momento de duda. ¿Sí, no? ¿Me he equivocado? Y la angustia me invadió. Una mirada hacia mis ojos, preocupado. Un pequeño zarandeo amable. ¿Qué pasa? ¿Estás bien? No, nada, tranquilo. Sonreí. No me he equivocado, pensé. Y volví a tranquilizarme. Y todo fluyó. Y sonaban los Red Hot.
sábado, 22 de agosto de 2009
Y es cuando descubres la verdad cuando de verdad ves que hiciste el tonto, que la gente que te quiere te dice la verdad y por eso debes creerles.. ciegamente, por mucho que te duela. Pero despues todo se olvida y lo único que importa es recuperar lo que había, volver a la amistad. Y te sumerges en una espiral de sueños, recuerdos, personas y amantes. Y soy capaz de mirar esa espiral hasta el mediodía, sin tener ni hambre ni miedo ni sueño. Ni frío.
Y fue ayer cuando canté y bailé esa canción de pasión de camino hasta tu habitación. Y volveré a hacerlo, de camino a otro lugar, con otra persona. Pero es un secreto, no lo digas, no lo cuentes, no lo expliques... Y cuando la corriente me arrastré y yo ría, contenta por ello, pediré cena para dos.
Y es que hubo una vez una playa de luz en la que había un camino de piedras azules que llevaba a un paraíso de torres que escalar y reír cuando estés arriba. Pero a la entrada, enmarcada en rosas amarillas se podía leer una inscripción que helaba la sangre, pues contaba un cuento sobre el hielo destruído y desatado que arrastró una rosa hasta al mar y allí la abandonó... sólo por ser hermosa.
Y fue ayer cuando canté y bailé esa canción de pasión de camino hasta tu habitación. Y volveré a hacerlo, de camino a otro lugar, con otra persona. Pero es un secreto, no lo digas, no lo cuentes, no lo expliques... Y cuando la corriente me arrastré y yo ría, contenta por ello, pediré cena para dos.
Y es que hubo una vez una playa de luz en la que había un camino de piedras azules que llevaba a un paraíso de torres que escalar y reír cuando estés arriba. Pero a la entrada, enmarcada en rosas amarillas se podía leer una inscripción que helaba la sangre, pues contaba un cuento sobre el hielo destruído y desatado que arrastró una rosa hasta al mar y allí la abandonó... sólo por ser hermosa.
martes, 18 de agosto de 2009
Precipicio
Un amigo... bueno, no es un amigo, es mi mejor amigo, es una persona q ahora me está ayudando y que siempre lo ha hecho, es el hermano mayor que nunca tuve... en fin, me ha dicho hará unos cinco minutos:
Y es cierto. Y sé que tengo que hacerlo. Pero no puedo, no soy capaz. Ahora tengo dos opciones: llorar al borde del precipicio o tirarme tras la otra persona...
¿Conoces el principio de acción y reacción? Imagina a dos
personas en un precipicio. Si las dos empujan igual, no se moverán. Pero si uno
empuja más que otro, ese otro cae. Pasa lo mismo en el amor. Si uno quiere más
que el otro, ese otro se va irremediablemente de tu vida. Tienes que buscar a
esa persona que te quiera igual que tú a él, y que se mantenga contigo al borde
del precipicio.
Y es cierto. Y sé que tengo que hacerlo. Pero no puedo, no soy capaz. Ahora tengo dos opciones: llorar al borde del precipicio o tirarme tras la otra persona...
Y una noche de sol...
Y es que ayer noche observé el reloj, temerosa de ver que pronto debería ir a la cama. Vagamente, poco a poco, lo hice, y ocurrió lo que me temía.
Tan pronto mi cabeza tocó la almohada las lágrimas que había reprimido ante los demás surgieron, brotaron de una interna fuente que yo desconocía y fue peor que la vez anterior. Fueron más, más fuertes y más dolorosas que la anterior. No pude evitar sollozar y entonces si que callé... escuché, miré entre el velo de lágrimas al oscuro pasillo que llevaba al resto de la casa. No quería que nadie despertara y me viera llorar, ni siquiera que lo escucharan. No quería que me compadecieran, no mi familia. Me levanté en silencio, mis pies descalzos apenas rozando el suelo, de hecho, entre el cansancio y las lágrimas no estoy segura de que anoche no consiguiera volar... Llegué a la cocina y saqué una jarra de agua congelada. Bebí y bebí, hasta que sentí que las lágrimas se congelaban y volvía a formarse un nudo en mi garganta. Regresé a intentar dormir, pero cuando esta mañana entró el primer rayo de sol, me dí cuenta de que habría podido ver amanecer.
Tan pronto mi cabeza tocó la almohada las lágrimas que había reprimido ante los demás surgieron, brotaron de una interna fuente que yo desconocía y fue peor que la vez anterior. Fueron más, más fuertes y más dolorosas que la anterior. No pude evitar sollozar y entonces si que callé... escuché, miré entre el velo de lágrimas al oscuro pasillo que llevaba al resto de la casa. No quería que nadie despertara y me viera llorar, ni siquiera que lo escucharan. No quería que me compadecieran, no mi familia. Me levanté en silencio, mis pies descalzos apenas rozando el suelo, de hecho, entre el cansancio y las lágrimas no estoy segura de que anoche no consiguiera volar... Llegué a la cocina y saqué una jarra de agua congelada. Bebí y bebí, hasta que sentí que las lágrimas se congelaban y volvía a formarse un nudo en mi garganta. Regresé a intentar dormir, pero cuando esta mañana entró el primer rayo de sol, me dí cuenta de que habría podido ver amanecer.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
