Y mi cuarto es tan solo un lugar oscuro más en el mundo. Pero dentro está mi cama, dentro de la cual estoy yo. Y tengo calor, aunque no lo sepa. Estoy sudando, aunque no lo sepa. Quieta, sobre la cama, un revoltijo de sábanas y dos piernas. Mi pelo está desparramado en la almohada.
Y entonces, de súbito, abro los ojos. Se hayan verdes, como siempre que lloro. Y rojos, como siempre que lloro. Lo único es que no sé por qué. Y entonces recuerdo el motivo por el cual mi cama se haya en semejante desorden.
Te fuiste, en mitad de la noche, solo y sin hacer ruido. Ya habías hecho bastante antes, cuando discutimos y yo lloré, y me dormí de puro cansancio. Y recuerdo vagamente que te tumbaste a mi lado, mientras yo lloraba suavemente, y te quedaste. Al menos hasta que me dormí, porque ahora no estabas.
Y quién me iba a decir que no volverías a estar.
Horas más tarde, caminando por la ciudad, y los recuerdos me asolan. No me molestaré en llamar, o en buscar. No vas a estar, y no te encontraré si no quieres dejarte encontrar. Así que seré yo quién se dejará encontrar, siguiendo en los mismos sitios y con la misma gente.
(Esto lo escribí hace mucho, y no lo cumplí. Eso sí.. un año más tarde..)
Salgo corriendo de casa, cojo las llaves y la mochila. Llego tarde a clase. Cruzo corriendo aquel lugar, sin apenas fijarme. Pero tú me haces parar, tu visión. Y esa mirada encontrada, mis ojos contra los tuyos.
Pero me voy.
Y cuando llego a clase, horas más tarde, tan solo una persona se percata de que mis ojos son verdes.

No hay comentarios:
Publicar un comentario