martes, 10 de noviembre de 2009

19/10/09

Me aburro. Mucho. Pienso en el examen de mates, y una oleada de rabia sacude mi interior.
Campanadas. Son las doce. Hace dos horas que en la clase de al lado me estremecía mientras el bolígrafo volaba sobre el papel y mi cabeza trataba de recordar cada uno de los procedimientos.
Ahora, los apuntes de literatura descansan en mi regazo, pues hasta hace diez minutos les dedicaba toda la atención robada a esta clase de gramática inglesa.

Pequeña amenaza sobre un examen de participios irregulares. No me preocupa, de hecho sonrío, y pienso en el descanso, la conversación. La añoranza que ha provocado en mí, sin saberlo la otra persona. Esa conversación sentadas en unas escaleras frías, con tortilla en el estómago. Ella hablaba, yo contemplaba un grupito de franceses, que parloteaban entre ellos como verdaderas cotorras. La descripción de sentimientos me llevó a recordar una rutina, un día tras día de impaciencia y mariposas en el estómago. El corazón latiendo a mil por hora, una sonrisa idiota en la cara. Pero eso terminó, y el equilibrio regresó.

Y ahora, una conversación tonta en un descanso, junto a alguien que me relata sus sentimientos, vuelve a hacer latir mi corazón, cuidadosamente silenciado.

=S

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