Voy a salir por ahí ahora que ya se ha ido el sol.
¿Sabes? Me acuerdo de ti cuando oigo aquella canción,
y aún recuerdo el olor a serrín en aquel viejo bar.
Un destello de fuego, atrapado en una chimenea. Enfrente, un sofá. Y enfrente un televisor. Y alguien sentado allí, atrapado por las imágenes que nacen del poder, del creerse fuerte. Y tras el televisor, una persona, haciendo gestos, tratando de hacerse ver. Sin resultado alguno.
Y es que en este lugar los sueños se quedan anclados en la almohada, no consiguen subir al cielo para susurrarle sus deseos a la luna. No tienen quién les lleve. Pero ellos no tienen la culpa, te miran acusatorios. No deberías, no puedes, eres una hipócrita, eres.. Te tapas los oídos, sabes lo que viene después. No quieres oírlo, hace que te odies a tí misma. ¿Sabes acaso quién quieres que lleve tus sueños hasta las nubes? No, no lo sabes. No tienes ni idea de lo que quieres, me gritan. Y al final solo te harás daño. A ti y a quienes quieres.
Y no puedo más, salgo corriendo, dejo atrás a mis sueños, pero el pasillo se tambalea.. y caes. Boca arriba sobre el suelo miro al techo, y allí se dibuja mi vida. Sonrío, lloro, río. Así paso horas. Y llego a lo que ahora es mi presente, pero no para ahí. Me muestra el futuro. Y echo a llorar, porque no puedo soportar verlo.
Y me muestra dos alternativas. Una es seguir así. Y quizá salga bien, o quizá no. La otra.. la otra es renunciar a ello. Y me muestra de nuevo parte de mi pasado. Y no quiero volver a ello.
Pero tampoco quiero hacer daño a nadie.
Miro al lago. Está quieto, tranquilo. No hay ondas. Bueno, no había. Una zambullida a mi lado me sorprende, me echo atrás, pero minúsculas gotitas me salpican de igual forma. Maldigo en voz baja a quién me ha mojado. Veo el reflejo de su sombra pasar bajo la superficie del agua. Siento un pequeño conato de irritación hacia esa persona.. que parece un chico. Ajá, es un chico. Bucea cerca de mí. Me siento de nuevo, tratando de recuperar la paz. Introduzco mis pies descalzos en el agua, fría. Decido esperar a que salga a la superficie.
Minutos más tarde, estoy harta. ¿Cómo puede una persona tener semejante capacidad pulmonar? Irritada, me levanto. La brisa toca mis pies y la siento fría. Me estremezco. Dudo un segundo. Si me sumerjo, puedo pillar cualquier cosa.. Me voy a constipar.
Más me quito el vestido con un solo movimiento de la mano, que desata el nudo que lo une a mi cuello. Cae con vuelo a mis pies. Salgo de él, en biquini, y entro poco a poco al agua, helada. Finalmente, suspiro, cojo aire y me sumerjo.
Mi cabeza rompe la superficie del agua. Siempre olvido que no puedo hablar bajo el agua. Ahora estoy en el centro del lago, pero no he encontrado a ese chico. El lago es demasiado grande.. me siento sola, aquí en medio. Vuelvo nadando, tranquila. Salgo y me estremezco. Tengo muchísimo frío, y no he traído toalla. Bien, ahí se ha visto mi inteligencia. Cojo mi vestido y me encamino al lugar desde el que ha salido aquel chico. Cruzo los arbustos y llego a una pequeña cala. Allí está su ropa, y.. ¡sí, una toalla! La cojo, con una sonrisa. Tengo derecho a hacerlo, me ha salpicado, pienso.
Una vez seca, me pongo de nuevo el vestido. Sigo teniendo frío, busco algo a mi alrededor que no sea esa camiseta azul cielo, o la toalla ahora empapada. Veo una cazadora negra, preciosa. Me la pongo, me queda enorme, pero me quita el frío. Me siento en medio de la cala y espero.
Horas más tarde.. tengo frío, ha anochecido, no veo nada y estoy sola. Y digo esperando, sin saber por qué. De repente, una luz rojiza me ilumina, a mi derecha. Y otra similar surge a mi izquierda. Son simples puntos de luz en el aire. Los observo, maravillada. Hasta que noto movimiento en los arbustos. El chico al que llevo horas esperando aparece por fin, rodeado de esas pequeñas luces.. Se me queda mirando. No parece sorprenderse de verme allí, o de que lleve su cazadora, o de que tenga lucecitas, ahora también yo. Se acerca, sin mediar palabra, y me tiende la mano. La acepto, y me ayuda a levantarme. Una vez de pie, no me suelta. Estoy cerca, quizá demasiado. Pero no me importa. Estoy agusto, aunque sea tarde, de noche, no le conozca, y haya luces brillando en el aire sin soporte alguno.
Me mira, divertido. Sonríe, y me hace sonreír a mí. Noto algo que hacía tiempo que no sentía... mi corazón late de nuevo. Con fuerza. Con furia, incluso.
Noto una mano en mi cuello, me acaricia. Un beso, súbito, en los labios.. suave.
Un abrazo.
-No lo entiendo.. -susurro-. ¿Qué pasa?
-No espero que lo entiendas.. no todo el mundo comprende la magia.
Y la mano en mi cuello deshizo el nudo de mi vestido, que cayó en ondas alrededor de mis pies.
Todo preparado, todo controlado horas antes. Ilusión, nervios, sonrisas o estrés. Un backstage bastante tranquilo. Juegos entre nosotros. Risas. Las chaquetas pasan de mano en mano. Alguien mira su reflejo y otro alguien se ríe. Llevábamos horas allí. Últimos ajustes. Todo va a ir bien.
Apoyada contra una pared verde, sabiendo que sobre mí estaban todos. Y entonces, un comentario. Alzo la cabeza, encuentro unos ojos confiados y sonrientes. Sonrío yo también, realmente contenta. Ahora sí, todo va a ir bien.
Miro mi móvil, y ahí sí.
-¡Menos seis!
-Vámonos.
Una fila. Cada uno en su escalón. Y subimos, silenciosos. Entramos y se oyen voces. Está lleno. Saludamos a la gente, a nuestros amigos. Hablamos. Y por último, empieza.
Poco a poco se pasan todos los nervios. Nada falla. Todo sale perfecto. Y todos sonreímos. Un fotógrafo, dos cámaras. Al fotógrafo casi le cortan la mano. Música. Micro. Más sonrisas. Luces que salen del aire. Pañuelos que desaparecen. Un bastón que vuela. Una cuerda que se corta y se recompone. Un dado que viaja. Una espada a través del cuello de alguien. Una mano semicortada. Aros que se unen. Una chaqueta que atraviesa cuerdas. Y, por último,.. la sala se llena de nieve. Ilusión. Y saludamos, felices. Todo ha ido bien. Y así es. Recuperamos nuestras cosas y salimos de allí. Fuera nos esperan abrazos, felicitaciones, reencuentros después de años. Y todas nos importan. Aunque alguna más que otra. Y después, frío, planes, para algunos una noche por delante. Para otros, apenas minutos. Charlas, más abrazos. Felicidad.
Y nos vamos, tan solo cuatro almas. Les cuento todo, feliz. Más abrazos, más felicitaciones. Un sutil "te lo dije" al oído. Una sonrisa fugaz. Comida, esperas. Charlas. Al final, nos vamos. Y esta vez solo somos dos. Más charlas, más risas. Guitarras, magia, relatos de una tarde realmente mágica. Y finalmente cada uno a casa. Pero todos con el mismo recuerdo.
Todos separados, cada uno en su lugar, pero todos unidos por el recuerdo de aquella noche mágica.
Puedo escribir y no disimular, es la ventaja de irse haciendo viejo C=
Siempre es la mano y no el puñal, nunca es lo que pudo haber sido C=
No es porque digas la verdad, es porque nunca me has mentido
Que la vida se nos va, como el humo de ese tren.
Como un beso en un portal, antes de que cuente diez.
Echo de menos mirar al espejo y no ver mi reflejo.Echo de menos poder dormirme pensando en las horas. Echo de menos aquel paseo, en calle gris y edificios de ladrillos, para luego traspasar la puerta roja, y que se abriera un mundo de color. Echo de menos tumbarme sobre azul en un sitio verde. Echo de menos aquel día de humo corriendo sobre verde y arena, un beso en un puente, sacando una confesión sonriente. Un día de globos. Echo de menos las mañanas sentados al sol sobre gris al lado de nuestros reflejos. Echo de menos aquella tarde de dudas y preguntas, sonrisas y gestos vacilantes. Pinchas. Echo de menos las súplicas y la zambullida posterior en un lugar cuadrado reflejo. Echo de menos incluso aquel día de mal andar, de hielo y de pierna en alto, y esa pequeña sugerencia susurrada movida por un espacio vacío y un ruido de llaves. Echo de menos el día de nervios, de sonrisas inquietas, de que me saliera bien y salir del bar y ver un abrazo, y sin dudar, con inocente felicidad interponerme. Aún no sabía cuánto. Rizos morenos, destellos dorados. Y echo de menos una mañana en un sofá, vaguería, risas, nada que hacer. Verde, árboles, azul, tranquilidad. Echo de menos la infusión más tranquilizante aún que una tila.
Alzo la cabeza y me doy cuenta de que estoy en clase. Matemáticas. Treinta personas. Yo en la última fila, el profesor no se fijará en que hay demasiadas letras y pocos números sobre el papel. Riñe a un compañero, habla de valores absolutos. Veo mi anillo, la hoja, mi agenda y el guante negro que cubre mi mano derecha, dedos al aire. Oigo dudas: "Pero en el C, el -2..." No presto atención. Me estoy poniendo nerviosa.. El viernes.. ¡que llegue de una vez por dios! Y que se quede ahí, que el viernes sea eterno.. que nunca llegue el sábado. No lo sé, pienso, sigo oyendo hablar sobre valores absolutos. Y ya ha pasado media hora. Página 13. No quiero. Toqueteo mi colgante, mi llamador. Tan solo es una pequeña bola bañada en plata. Suena, vibrante. No, vibrante no. Mejor dicho, brillante. Ilumina. Miro por la ventana de 4ºA. ¡Un avión! Veo el alcázar, la torre, color arena, soleada. Tengo recuerdos allá arriba. Mirar abajo y tener el primer ataque de vértigo de mi vida. Me estoy agobiando. Oh, la clase ha cambiado de tema. Intervalos. La chica que tengo al lado suspira. No es para menos. Le da todo el sol en la espalda. A mí no me llegará en esta clase. Y ya he gastado una cara de una hoja, y mucha tinta azul. La clase terminará pronto. Mi pelo castaño roza el papel. Oigo la palabra logaritmo, he de decir que me impone respeto. Y también que no tengo ni idea de lo que es.
Un sirena brilla, veo campo de fondo. Mis compañeros no hacen tampoco caso a la clase. Un: ¿lo entendéis? Un sí comunitario. Tengo informática ahora, qué bien (sarcasmo). Bla, bla, bla. Las palabras del profesor son como un zumbido que me anestesia. Dios, llevo una hora escribiendo. Estoy melancólica, no debería. Quiero que vuelva a ser 12 de julio. O quizá no. No lo sé. Verde, tumbados, cartas. bares. Escaleras. Croquis, bufidos, un audible: "esto es una gilipollez".
Suena la campana.
La noche. A veces me despierto y me cuesta volverme a dormir. Me quedo a oscuras escuchándome respirar, mirando al techo. El silencio nunca es silencio absoluto. La oscuridad jamás es oscuridad absoluta. El negro es un no-color que contiene en sí mismo todos los demás, y los aniquila. La oscuridad es más color que todos los colores.
Pienso. El negro de tus ojos. Todos los ojos oscuros de los hombres, que cuando son negros excavan mucho más que cualquier otra mirada. Los bigotes de mi abuelo de joven en la foto colgada en la casa familiar. Bagheera. La pantera negra, la verdadera. La barba de Comefuego. Alce negro. Los pigmeos. El Corsario Negro. La bandera pirata. Un chupetón en el cuello, oscuro. Los dark. Edgar Allan Poe. The black cat. La otra mitad de las piezas de las damas. Del ajedrez.
El uniforme de los árbitros, tiempos ha. El Zorro y su antifaz, tan ridículo que se veía perfectamente quién iba detrás. La grandeza de los Black Sabbath. El mono de los mimos. "Black is black, I want my baby black". El bombín de Charlot. Aquella foto en blanco y negro de Robert Capa. El negro que es luz en Gernika. La entrada de un túnel. Las angustias de los fascismos.
Las cucarachas. Los Beatles. El arroz negro. El regaliz. La Mancha Negra. Las orejas de Mickey Mouse. Pablo Neruda. Jacques Prévert, Paris at night: ya duermo. Los sueños, a veces, son en colores =D.
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Y termino gritando, suplicando por un poco de silencio unido al grito de dolor al golpear sobre golpeado. Mis gritos son más por el dolor de cabeza que el de los golpes. Necesito silencio. Que continúen los golpes si es necesario, pero que se callen los gritos. No siento el dolor, pero si la angustia ante la necesidad del silencio. Aunque sé que esta noche mis párpados no se cerraran, y sé que mis pies descalzos tocaran suavamente en suelo en busca.. ¿de qué? Irán al baño, abrirán el armario y sacarán todo. Y una vez me haya limpiado, volveré a la cama. A mirar el techo y escuchar el silencio.. roto de vez en cuando por un quejido sordo.