Que odio mirar al futuro y que la incertidumbre de no saber qué será me llene y me agobie, ante el no saber si seguiré teniendo tus labios y tus dientes, que muerden mi alma a cada sonrisa que me dedicas. Que me encanta sonreír cada noche porque siento el recuerdo de tu forma sobre mi cama, que mi corazón va a mil por hora cada día, muriéndose por verte, reclamando para mí, y solo para mí tus besos, tus sonrisas y tus cosquillas, tus carreras y ese te quiero que entreveo en cada uno de tus suspiros.
Que cada vez que dan las 15 yo sonrío mirando a un reloj que me guiña el ojo, como queriendo hacerme entender que hasta las horas se compinchan con nosotros. Que adoro los momentos de prisa y risas, los últimos arreglos en el baño, tú peleándote con tu camisa y yo con mis rizos.
Adoro saber exactamente lo que va a pasar cuando siento tus labios explorar, en terreno propio y conocido, mi cuello. Adoro acurrucarme a tu lado, con tu brazo rodeándome como si temieras que desapareciera de repente.
Que me encanta ver las sonrisas a mi alrededor cuando me ven verte aparecer. Odio estar sentada en medio de un montón de gente que no tiene ni idea de lo que me revienta no verte, y también odio los prejuicios de los tozudos.
Que cada lágrima que cayó por ti es ahora un mar de fuerza para los dos. Que cada patada al suelo, llena de rabia y de un incontestado por qué ahora se traduce en un abrazo que te ahoga cuando vuelves. Que me gusta pensar que una noche fría, y hablando de latín, los dos pensábamos estar de acuerdo, pero aún no teníamos ni idea de cuanto, haciéndonos los fuertes y creyendo que podríamos soportarnos lejos, cuando lo más que puedo es cuando siento tus labios en mi piel.
Que tú eres mi tila preferida. Comparado contigo, cualquier droga se convierte en una golosina inofensiva. Que a mi tus susurros me suben al cielo, y más aún si van acompañados de un beso.
Que podría escribir la historia de tu cuerpo, y me faltaría tinta. Que me encanta ver mis rodillas verdes cuando recupero la consciencia después de ti. Que una lágrima escondida murió en tus labios. Que no me importa chillarle al mundo que te quiero y que quiero mil mañanas a tu lado, entre sábanas desordenadas y almohadas que huelan a ti.
Que me encanta darte un puñetazo y ver como finges que te ha dolido, mientras intentas contener la risa que te provoca que una cosa como yo intente traspasar la muralla de tus músculos. Que me niego a volver a los vis a vis entre los labios de cualquier sin nombre, o a las noches de almohadas vacías y sábanas frías, empapadas por las lágrimas que luego me encargaré de negar con una sonrisa pintada. Que no quiero ni imaginar qué sería de mí si un día no estuvieras aquí para decirme todo va bien.
Que me has enamorado.
lunes, 3 de mayo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

Este texto si qeu es grande! :)
ResponderEliminarlágrimas que luego me encargaré de negar con una sonrisa pintada...(a estas las conozco yo!)