lunes, 7 de septiembre de 2009

Y andar distraída por la ciudad. Mirar al suelo, pensar cualquier tontería, recordar algún hecho de aquella tarde y sonreír. Y entonces, como si un sutil hilo se hubiera enganchado a mi pelo, alzar la cabeza suavemente. Y que mi mirada vaya directa a tus ojos, que me observaban, que seguían como los recordaba. Y quizá parar, lentamente, detener el andar y no romper la mirada, desde la lejanía. Pero no. Todo ha cambiado ¿recuerdas?, pienso. Y sonrío, y te veo devolverme la sonrisa. Cuánto la había echado de menos. Pero todo ha cambiado. Y esta vez no me afecta. Sólo, quizá, caldea algo mi corazón. Pero sacudo la cabeza, bajo la vista de nuevo y continúo, mientras tú te quedas al otro lado de la calle. Quizá confuso, quizá alegre, quizá triste. Pero todo ha cambiado, ¿verdad?

Y sonriendo me alejo, rumbo a mi hogar, rumbo a mi gente. Rumbo, inevitablemente a mis recuerdos. Pero esta vez no me da miedo porque sé que no dolerá. Y aunque caiga, no dolerá. Y sentirme tranquila y en paz es para mi la felicidad.

¿Soy feliz? Sí, creo que esta vez puedo decir que soy feliz.

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